tranquilidades...

la vida me ha enseñado
a respirar hondo antes de hablar-
porque aprendí hace tiempo
que no es verdad,
aquello que me cantaba mi abuela
de que las palabras,
como a los árboles altos,
se las lleva el viento,
porque hay palabras que una vez dichas
no se van,
y se quedan a modo de muralla
de esas que no se pueden tirar...

la vida me ha enseñado también
a relativizar las penas-
a distinguir los pequeños dramas
de las grandes tragedias-
a llorar cuando toca
y a apretar los dientes cuando no queda otra,
y a buscar soluciones si las hay,
o futuros
cuando es evidente
que determinados problemas
no las tienen-

y la vida me ha enseñado
a decir que no
sin que me remuerda la conciencia-
a apartar de mí ciertos cálices
que no tengo porque apurar-
y a esas personas
que no es que no te aporten nada,
es que te roban
la energía, la alegría, la libertad
y la tranquilidad-

y sinceramente,
a mi edad
no merece la pena
perder la tranquilidad.
 



1 comentario:

Verónica Calvo dijo...

Ah, mi Chica, pura sabiduría que se adquiere.
Aplaudo y sonrío.

Un beso enorme :)